A veces (1997)
A veces le agarra a uno el terror
Como si un tigre gigante
Incrustara sus colmillos
En el vientre
O como si una culebra descomunal
Se enroscara en la garganta.
Y le da a uno ganas de llamar a los hijos
Allá lejos y decirles
Que uno los ama
Que perdonen las cosas que uno hizo
Y las que no pudo hacer
Y que vivan alegres porque después de todo
Es el único consejo que vale la pena dar.
Y pensar en sus almas vitales
Es un poco de alivio
Como si las ilusiones del futuro
Que ellos prometen
Espantaran los fantasmas del pasado
Que uno ha sembrado.
Y el tigre y la culebra se deslizan
Sigilosamente hacia la selva de remordimientos
Ahuyentados temporalmente por el fuego
De una pasión pura y constante
Y finalmente uno se duerme
Tranquilizado sabiendo
Que la vida es amarga y necesaria como el mate.
Mar Caribe (1984)
Caribe
Mar de mil angustias.
Diamante purpúreo
que hipnotiza las miradas de pena.
Salitre que carcome
las paredes de los siglos.
Cuando bailas,
con tus legiones de olas bravas,
demuestras la potencia
de tu naturaleza.
Cuando esperas,
con una calma y cálida suavidez
de amante satisfecho,
recuerdas la legiones de invasores,
que tus olas bravas dejaron penetrar.
Es hora,
cuando el quieto y angustioso
Mar Caribe,
encontrará el poder enterrado
en los siglos del olvido.
En La Bodeguita del Centro (1997)
para A.
Cuando se fue al baño
su marido, me contó,
de lo que leyó en los periódicos,
de que había regresado de la muerte,
el que había enterrado hacía tiempo,
en el manuscrito inédito que
escondió en el cajón del escritorio
durante el tiempo de las matanzas,
durante el tiempo de los muertos sin tumbas.
Me lo había contado antes,
lo del manuscrito, como si hubiera querido
que yo supiera que su juventud
se había nutrido de un ideal;
y ahora, con un toque de nostalgia,
me contó que era el segundo
en el mando, y que no había sido verdad
lo de su muerte en una emboscada.
Y mirando hacia abajo,
para evadir un contacto de ojos
demasiado comprometedor,
me aclaró, "Es que fuimos así como novios."
Y lo dijo, no para aclararmelo a mí,
que yo ya lo sabía, sino para que
el presente fuera testigo
de lo que había vivido en el pasado,
para que no muriera por segunda vez.
Y silenciosamente recibí su confesión
y le agradecí que me hubiera reconocido
como un verdadero amigo.
Exilio (1989)
Los amaneceres en ruina
nos llevan a improvisar
un nombre, una historia,
una pared sin huecos para
taparnos del frío.
Abandonados en el espacio
nunca dejamos de ser
lo que fuimos,
y no podemos seguir siendo
lo que éramos.
Letanía (1998)
Le pedimos perdón al infinito
porque la muerte nos acecha en los caminos;
le pedimos perdón a los dolientes
porque no hay pena que no nutra una traición;
le pedimos perdón a la verdad
porque el respiro es la mentira del aliento;
le pedimos perdón a la miseria
porque triunfamos si violamos su existencia;
le pedimos perdón a los que amamos
porque el dolor es el tirano del deseo.
Poesía (1995)
La poesía es una vieja virgen llorona
que dice sus deseos y pasión en secreto.
No sabe del placer de chillar como una mona,
miedosa de la acusación de ser un panfleto.
¿Y . . . ? (1997)
para G.
Y cuando caiga la noche
nos veremos
como dos desconocidos
ávidos de una ardiente intimidad.
Y cuando caiga el día
nos veremos
como dos extraños
celosos de su privada intimidad.
Y daremos las vueltas
yo buscando y tu rehuyendo
yo con la ira atónita de los perdidos
tú en el frío encierro de los cegados.
Y lloraremos, pero no juntos
y amaremos, pero no juntos
y desearemos, juntos, seguir . . .
Y el adiós será largo
como las largas horas de la duda
o la larga ironía
de la certidumbre de un enigma.
Y si se parte el corazón
será el fin, en un sin fin.
Y seguiremos de noche en día
como dos amantes
cegados y perdidos buscando y rehuyendo
los límites de la inmensa soledad.
Jorge R. Rogachevsky
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